
🤖 En resumen
Esta historia es sobre cómo nació Generación M. En el fondo, creamos este laboratorio porque es exactamente el espacio que a nosotrxs nos hubiera gustado tener en la universidad para descubrir el diseño antes. Esa piedrita en el zapato se cruzó con un problema que veníamos escuchando: a nuestros clientes cada vez les resulta más difícil entender y conectar con la Generación Z. Guiadxs por inspiraciones en la Bauhaus y el MIT Media Lab, aterrizamos la idea conversando directamente con jóvenes GenZ para comprender sus expectativas. Aquí contamos cómo armamos el programa, la convocatoria llamamos a todo el mundo, pegamos pósters por la ciudad, buscamos local hasta 4 días antes de empezar a hicimos videos de gatitos. Y sí, se logró.
El inicio de una obsesión mutante
La mayor parte del equipo de Mutaciones llegó al mundo del diseño por casualidad. Si miras a nuestro equipo, encontrarás un curioso y variopinto grupo de humanxs que estudiaron filosofía, antropología, comunicaciones, negocios, arquitectura, marketing, diseño gráfico y diseño industrial. Somos un sancochado de perfiles. La vida profesional nos llevó por caminos extraños, probamos distintas cosas, y de pronto, todxs terminamos trabajando en esta intersección entre investigación, estrategia e innovación, que también llamamos diseño estratégico — o mejor aún, diseño mutante. En conversaciones con el equipo, mientras mirábamos hacia atrás con nostalgia, y nos comíamos unos siu mai y unos wantanes calientitos, sentimos una piedrita en el zapato, y coincidimos: “qué chévere hubiera sido saber que todo esto existía cuando estábamos en la universidad”.

Podríamos habernos quedado ahí. Pero esta vez, esa piedrita chocó de frente con un problema que veníamos escuchando de empresas con las que trabajamos en el último año. Muchos clientes nos han contado que no saben cómo trabajar con la Generación Z. Estos jóvenes (sin ganas de hacer sentir viejx a nadie) cada vez se suman más a los espacios de trabajo y traen consigo nuevos lenguajes, nuevos patrones de conducta y nuevas actitudes que las organizaciones no necesariamente saben cómo metabolizar.
Si bien cada cierto tiempo se habla de “cómo la nueva generación está cambiándolo todo”, de pronto el quiebre con la generación Z se siente mucho más profundo, mucho menos incremental. Más de un cliente nos ha comentado sobre problemas que han tenido para atraer al mejor talento y que, cuando lo han logrado, no siempre saben cómo brindarles el acompañamiento que esperan recibir. La generacion Z es una generación que ha visto su formación escolar y universitaria atravesada por la pandemia y el aislamiento, y eso indudablemente configura un nuevo juego que hay que aprender a jugar.

Ahí vimos una convergencia clara de dos oportunidades: ¿Qué pasaría si creamos un espacio experimental para enseñar diseño intensivamente a universitarixs de último ciclo o recién egresadxs, y al mismo tiempo utilizamos esa plataforma como un espacio para investigar en la cancha cómo piensan, cómo colaboran y qué esperan del mundo laboral?
Escalar nuestro sabor de diseño
En Mutaciones tenemos la convicción de que el diseño tiene el poder de atacar problemas de altísima ambigüedad y altísima incertidumbre. Sin embargo, a las organizaciones les cuesta muchísimo aprovecharlo de verdad. En el mundo corporativo, el rol del diseño suele estar encasillado en una posición esencialmente táctica (a veces, incluso, mercenaria). Muchos equipos sienten que su labor se limita a ejecutar estrategias que se decidieron a puerta cerrada por otros equipos en otras áreas. En lugar de usar su conocimiento sobre las personas para guiar e informar la visión del negocio desde el inicio, reciben todo ya procesado y su único rol es convertirlo en artefactos tangibles.
Hoy existe una brecha enorme en la industria: el diseño sufre para ser parte de la conversación estratégica, y cuando lo hace, los equipos no siempre tienen las herramientas para hacer una contribución significativa a ese nivel. Mucho de esto pasa por la manera en que se enseña y se aprende a hacer diseño — o más bien, por la falta de opciones para aprenderlo. Para muchas personas que no reciben una educación formal en diseño, actualmente no existen muchas opciones para introducirse en este mundo reconociéndolo como un verdadero vector de transformación, lo que a veces implica hacer trabajo que a primera vista no parece diseño, pero que en el fondo sí lo es.

Entonces, nos preguntamos cómo podíamos escalar y amplificar nuestro sabor mutante de diseño, ese que ve más allá del artefacto y que le presta atención al contexto, a los resultados y al proceso. Felizmente, en la historia del diseño y de la innovación hay más de un buen referente del que podíamos extraer inspiración para diseñar Generación M.
1. El espíritu de la Bauhaus
La Bauhaus fue una escuela alemana de diseño que nació después de la primera guerra mundial y creó un espacio experimental para pensar sobre metodologías, materiales y el rol mismo del creador. La piedra angular de su propuesta fue su manifiesto, que hablaba sobre la necesidad de difuminar las fronteras entre el arte y la técnica, cuestionando un montón de viejas categorías y separaciones que sentían que frenaban la práctica creativa.

Aunque duró pocos años, la Bauhaus tuvo una influencia desproporcionada en la evolución del diseño en el siglo XX: estudiantes de la escuela pasaron a ser referentes de la práctica a través de Europa y Estados Unidos. Desde nuestra humilde trinchera, pensamos: ¿qué pasaría si hiciéramos lo mismo hoy? ¿Qué pasaría si ayudamos a las personas a introducirse en este mundo con un sentido expandido de lo que el diseño puede ser, incluyendo en la mezcla a perfiles de carreras distintas? Sabíamos que, si lográbamos armar un programa así, podríamos tener una influencia importante en las capacidades que se introducen en el ecosistema local a largo plazo.
2. El caos creativo del MIT Media Lab
La segunda inspiración vino directamente de la experiencia de Ed en el MIT Media Lab en Boston. Ahí existe una dinámica muy interesante: es un ecosistema donde ves a múltiples grupos trabajando en proyectos distintos, conversando sobre lo que están haciendo todo el tiempo. Se empiezan a generar colisiones casuales cuando vas por un café, rebotas ideas, y tu propio trabajo se ve amplificado por el simple hecho de estar inmerso en una comunidad que celebra la innovación y el hacer preguntas diferentes todo el tiempo.

De ahí rescatamos específicamente el trabajo de Mitch Resnick (director del grupo Lifelong Kindergarten), quien a partir de años de investigación en entornos educativos ha sintetizado cuatro principios para el aprendizaje creativo: el aprendizaje creativo sucede en Pares (aprender debatiendo con gente), trabajando en Proyectos (darle sentido a la teoría resolviendo un problema real), motivados por una Pasión (motivación intrínseca) y en una experiencia de Juego (mucho ensayo y error probando cosas nuevas). Queríamos crear exactamente eso: un entorno colaborativo que incorporara esos cuatro principios de manera orgánica; un espacio para acelerar el talento de la Gen Z, mientras lxs entendíamos en acción.
Entonces dijimos: ya, ok. ¿Tenemos todo claro? No. ¿Vamos a hacer esto en serio? Sí. Yolo. ¿Qué podría malir sal?
¿Por dónde arrancamos?
Salimos a campo con la intención de validar si un programa así era interesante. No conocíamos a la Gen Z, entonces queríamos entender cómo comunicar y qué valoran más lxs jóvenes: ¿una práctica pre-profesional, un programa educativo tipo bootcamp, o ambos? Nuestra hipótesis inicial era que esto le podía servir a personas de últimos ciclos, posiblemente de carreras de humanidades y ciencias sociales, por lo que entrevistamos a seis estudiantes de noveno y décimo ciclo, así como personas que habían egresado recientemente.
Estas conversaciones nos dieron la claridad exacta que buscábamos para recalibrar el programa. Nos dimos cuenta de que la palabra "diseño" no se entendía tan claramente, la mayoría pensaba en diseño gráfico o industrial. Por ahí algunxs habían oído antes de Design Thinking, pero muy pocxs conocían el diseño estratégico. Para pasar esa barrera de entendimiento, tuvimos que empezar a hablar de "innovación". Además, confirmamos que estábamos llegando un poco tarde a la audiencia que queríamos alcanzar: estudiantes de décimo ciclo ya tenían un camino más o menos claro de en qué querían trabajar, y tenían prisa por comenzar. El verdadero punto de inflexión estaba más bien en el séptimo u octavo ciclo: ahí es cuando recién comienzan a pensar dónde y en qué quieren desarrollarse.
Otro hallazgo clave fue que íbamos a competir directamente con las prácticas pre-profesionales. Sabíamos que muchxs chicxs prefieren buscar prácticas porque eso puede volverse un trabajo a tiempo completo, o porque no tienen los ingresos para pagar un programa educativo de verano. No queríamos que tuvieran que elegir entre aprender o ganar plata, así que decidimos pagarles un estipendio para que pudieran dedicarse 100% a esto.
Con estas reglas claras, sumamos otras disciplinas para dejar de enfocarnos solo en humanidades y buscar equipos verdaderamente interdisciplinarios, asegurándonos además de llegar a universitarixs de todo el país, y no solo de Lima.
¿Cómo llamar la atención de una generación que se burla de todo?
Diseñar la convocatoria fue un reto aparte. Decidimos alejarnos por completo de la estética corporativa minimalista de colores oscuros. Pensamos en hacer algo divertido, en el límite con lo cringe. Nos inspiramos en el meme de Graphic Design is my passion, le sumamos Comic Sans (obvio), y jugando con un estilo WordArt y memes. Usamos fotos de stock genéricas con marca de agua encima, porque entendíamos que le estábamos hablando a una generación que está constantemente burlándose de todo. “Esto seguramente le gustará a la juventud”, pensamos de manera anciana.
Quemamos todos nuestros cartuchos para llegar a la mayor cantidad de gente. Escribimos a todas las universidades a las que pudimos llegar, les hablamos a nuestrxs propixs profesores, contactamos a amigxs en instituciones educativas y organizaciones con llegada a jóvenes, además de buscar influencers en temas de desarrollo para jóvenes que reboten nuestras convocatorias. Grabamos reels invitándolxs a postular y subimos videos con historias de gatitos para llamar su atención (¿quién no se queda unos segundos en pantalla mirando un gatito?). Imprimimos afiches y hasta hicimos un poco de vandalismo pegándolos afuera de universidades y en paraderos por toda la ciudad para ver si llegábamos a más personas. Esperábamos recibir alrededor de 30 postulaciones.
Y tuvimos un total de 109.
Nos quedamos sorprendidxs, y un poco asustadxs por el tiempo que todo esto demandaba, para ser honestxs. Leer todos esos formularios y pasar tantas entrevistas fue intenso y extenuante, pero teníamos súper claro qué buscábamos: más que conocimiento técnico, buscábamos potencial, ganas de aprender y determinación. Nos interesaba su curiosidad, su inquietud, qué quieren hacer con sus carreras, qué prácticas inusuales o curiosas tienen. Por ahí alguna persona nos contó que estaba obsesionada con investigar todo sobre los dragones. Otra, que se iba a dormir y soñaba las soluciones a sus problemas. (Obvio que ambas entraron al programa). Queríamos gente así: curiosa, con ganas de colaborar, de retarse, y de aprender. Corrimos con todo el proceso en diciembre, y así logramos seleccionar a 16 mutantes jóvenes que conformarían la primera promoción de Generación M.
Todo estaba listo. Generación M fue programado para iniciar el 02 de febrero. Inicialmente íbamos a hacerlo en Mutalab, nuestras oficinas que están en construcción, pero algunos cambios de planes hicieron que la construcción se extendiera hasta después esa fecha. Lo resolvimos con un plan B, encontramos otro lugar para hacerlo. Ya tranquilxs, tres días antes nos cancelaron y no teníamos a dónde ir. Estábamos a punto de recibir a 16 jóvenes para enseñarles a abrazar la incertidumbre y ni siquiera teníamos una dirección a donde mandarlxs. Finalmente, al último minuto, solo porque amamos vivir al límite, dimos con la Casa de la Moneda que se volvió el lugar para que estxs 16 humanxs llegaran a su primera sesión.
Pero esa... esa es la siguiente historia.


No tenemos un manual con respuestas, pero sí las preguntas correctas. Somos cómplices para navegar la incertidumbre y diseñar futuros posibles para tu organización. Si de verdad quieres cambiar las reglas del juego… muta con nosotrxs.
Somos Mutaciones, un estudio de diseño y exploraciones en Lima, Perú. Síguenos en Instagram o Linkein -prometemos no spamear. Ningún Mutito fue herido en el proceso de crear esta historia. Hasta la próxima edición 👋
