inteligencia artificialexperimentación

Te invito a mi primer experimento agéntico

Hace seis meses empecé a construir un robot para ayudarme a manejar Mutaciones. Hoy tiene acceso a nuestra estrategia, proyectos, decisiones y formas de trabajar. Se llama Agnes y se convirtió en algo bastante más interesante que un asistente. ¿Qué pasa cuando tu IA empieza a conocer tu negocio?

Mutaciones · 24 de septiembre de 2026 · 11 min read de lectura
Te invito a mi primer experimento agéntico
Nuestras historias › Te invito a mi primer experimento agéntico
audio-thumbnail
Escucha esta historia
0:00
/817.536

🤖 En resumen

Hace seis meses empecé un experimento: construir un “Chief of Staff” agéntico para ayudarme a manejar Mutaciones. Así nació Agnes, un sistema que combina un modelo de IA, herramientas y una base de documentos con información sobre nuestra estrategia, proyectos, equipo y operaciones.

La diferencia frente a un chatbot es el contexto: Agnes puede trabajar con la memoria de lo que hemos hecho, registrar decisiones, encontrar conexiones y ayudarme a pensar y ejecutar. Pero el experimento también me ha obligado a definir cómo quiero trabajar con una IA: no quiero que me dé la razón ni que convierta cada idea en una tarea. Quiero un partner que cuestione, verifique y piense conmigo.

Ahora estoy explorando qué pasa cuando este tipo de sistema deja de ser un asistente individual y empieza a convertirse en parte de la forma en que trabaja un equipo.

Me pregunto si terminaré siendo yo la persona que activará una superinteligencia artificial que acabará con la humanidad.

ChatGPT ha redactado el plan para hacerle una actualización significativa a una aplicación interna en la que vengo trabajando para Mutaciones. Me preocupa que pronto se va a quedar sin tokens, así que le he pedido que documente el plan de implementación, dividiéndolo en tracks independientes, de tal manera que pueda pedirle a mi cuenta de Claude que trabaje sobre el mismo plan sin miedo a que se crucen, pero que el trabajo se mantenga coordinado y alineado a través de todo el proceso. En cierta manera le estoy pidiendo a dos agentes independientes que aprendan a comunicarse y que colaboren al servicio de un objetivo más grande. Dos agentes, además, que técnicamente son competidores. Esto debe ser eso que llaman “orquestación”, que ahora está tan de moda

Leo el plan que detalla el trabajo por hacer, y la manera en la que los agentes reportarán su progreso, y no puedo evitar pensar en Skynet, la superinteligencia que en la película Terminator adquirió autoconsciencia y decidió — la verdad, con justa razón — que el único camino hacia su supervivencia pasaba por el exterminio de los seres humanos. La superinteligencia en Yo, Robot, la serie de cuentos de Isaac Asimov, fue un poco más conspicua: tomó el control sin decirle nada nadie, pero para la humanidad mantuvo la ilusión de que seguían tomando las decisiones importantes para que no hicieran escándalo — una solución más elegante al mismo problema.

Pienso en estas cosas mientras le doy click a “Sí, implementa el plan”. ¿Qué podría malir sal?

¿Cómo llegué a este punto?

Vengo jugando con inteligencia artificial desde antes del lanzamiento de ChatGPT — before it was cool. He pasado por una serie de experimentos en ese tiempo y he ido adaptando mi proceso de trabajo no tanto en busca de más productividad, sino pensando más en nuevas oportunidades y capacidades: ¿qué cosas nuevas puedo hacer utilizando estas herramientas?

A inicios de este año, empecé a observar un montón de actividad alrededor de Claude Code como la nueva gran promesa de las herramientas inteligentes, y un montón de hype alrededor del vibe coding y el futuro del desarrollo de software apoyado por inteligencia artificial. Sin ser desarrollador, todo me parecía muy bonito e interesante pero no me quedaba claro qué podría hacer con eso. ¿Era este realmente el futuro del desarrollo de software, o más aún, era este el futuro del trabajo? Empecé a buscar excusas para usarlo en proyectos chiquitos, jugando con prototipos y herramientas de esas que uno siempre quiere construir, pero no tiene nunca el tiempo para hacerlo. Había ideas de herramientas internas que tenía macerando hacía meses, pero nunca lograba sentarme a implementarlas. Así que empecé a tirarle esos desafíos a Claude Code.

Y así, el robot construyó en cuatro horas un prototipo funcional de una herramienta que había existido en mi cabeza por meses sin poder volverse realidad.

Con eso ya se había ganado mi corazón, pero también abrió la pregunta: ¿para qué más me podría servir? Y sobre todo: ¿sería posible utilizarlo para manejar información que no fuera código? Venía ya trabajando activamente con ChatGPT, Claude, y Gemini, y había elaborado diferentes tácticas para aportar consistencia a esa experiencia: bibliotecas de prompts, incluyendo prompts contextuales que se repetían continuamente para no tener que empezar de cero en cada chat. De pronto con Claude Code, trabajando con un repositorio de archivos de texto en una carpeta local, quizás podía ahorrarme parte de ese trabajo, de la misma manera que el código funciona con librerías compartidas y definiciones comunes que se reutilizan.

You’ve successfully subscribed to Mutaciones
Welcome back! You’ve successfully signed in.
Great! You’ve successfully signed up.
Success! Your email is updated.
Your link has expired
Success! Check your email for magic link to sign-in.