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🤖 En resumen

Todo arrancó con algo simple: llamar a mamá para pedirle una receta y nos quedamos conversando 1 hora. Podríamos habérsela pedido a ChatGPT y tenerla en 10 segundos, pero nunca nos hubiera contado cómo le va a la tía que por fin se jubiló. Nuestra nueva serie, Relaciones Sintéticas es una investigación de Mutaciones sobre cómo nos relacionamos con la IA, no si es buena o mala, sino qué comportamientos ya existían antes del chatbot, y cómo la IA los está amplificando.

Conversamos con ocho jóvenes profesionales en Lima que sienten tener algún vínculo con su IA, con entrevistas y shadowing de sus conversaciones reales. Encontramos gente contándole a su IA lo que no le dice a nadie más. Le pusimos nombre a esa intuición: outsourcing emocional, delegarle a un sistema el trabajo de procesar lo que sentimos.

En las próximas semanas hablamos de espejos, confesiones, sistemas rotos y Kim Kardashian, buscando responder por qué sentimos que la IA nos entiende.

Una de mis actividades favoritas desde que vivo sola es llamar a mi mamá para pedirle la receta de alguno de mis platos favoritos.

A veces hacemos una videollamada y le voy mostrando cómo voy. Me corrige cuando pico la cebolla muy grande, me recuerda que no me olvide del comino y, de vez en cuando, me suelta algún tip que escuchó en un programa de televisión: "La papa del locro hay que aplastarla con la mano. Gastón lo recomendó." Si soy honesta, la receta es solo una excusa.

Mientras cocinamos, chismeamos. Me cuenta que empezó una dieta que le prohíbe comer postres y eso la tiene un poco triste. Que mi tía por fin se jubiló y ahora hace yoga con sus amigas. Que está viajando más para mantenerse ocupada. Yo le cuento cómo va mi semana, el trabajo, las nuevas expresiones que ha aprendido mi gata. Ella me pregunta si sigo matando plantas y, sin darnos cuenta, una receta que podría tomar quince minutos termina durando más de una hora.

Lo más rápido sería pedirle la receta a ChatGPT. Probablemente me daría una receta parecida en 10 segundos, pero nunca me contaría cómo está mi mamá. Eso no quiere decir que nunca le haya pedido ayuda. A veces le pregunto cómo cocinar algún plato japonés, por qué mis plantas se siguen muriendo, qué está pasando en el estrecho de Ormuz y cuánto va a costar el limón el próximo mes. También le pido ayuda para bajar la intensidad de un correo, ordenar mis ideas o encontrarle nombre a una sensación que todavía no logro explicar.

Mi cuenta de Claude incluso tiene nombre: Claudio. Pero tampoco me parece raro. Mis plantas tienen nombre. Mi ventilador también. ¿Por qué una IA no lo tendría?

Hasta ahí, todo normal.

¿Cuándo nos preguntamos: '¿es esto normal?'

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