No es que la IA sea la mejor solución. Es que lo que debía sostenernos (lxs amigxs, el trabajo, la terapia) ya se había ido agotando en silencio, mucho antes de que ella llegara. Las Kardashians nos entrenaron para vivir en modo performance; la IA solo encontró dónde meterse.
Hace un mes le pedimos a ocho jóvenes en Lima que nos mostraran sus conversaciones con su IA. No las que muestran en público. Las de verdad, las que tienen a las tres de la mañana, las que empiezan pidiendo ayuda con un correo y terminan siendo otra cosa.
El 22 de agosto compartiremos esta investigación completa y hermos armado un espacio para pensarlo en voz alta, y para empezar a usar la IA con más intención de la que probablemente le has puesto hasta ahora.
Esta historia no busca un culpable. Busca el momento exacto en que empezamos a fallarnos unxs a otrxs, mucho antes de que la IA llegara. Las Kardashians nos entrenaron para vivir en modo performance, un imperio de 150 millones de dólares que enseñó a vender vidas perfectas. Facebook escondió durante años la evidencia de que esa performance sí hace daño a la salud mental de adolescentes. Mientras tanto, otros sistemas fallaban en cadena: empresas que condicionan tu bono a usar la IA, círculos de personas quemados por el burnout, terapia que cuesta demasiado o no alcanza para todxs. La chamba, lxs amigxs y la ayuda se fueron agotando en silencio. La IA no inventó esos huecos: solo encontró exactamente dónde meterse.
Dani es diseñadorx. Conversando con ellx, nos contó que hoy se reconoce como unx 'rehabilitadx de la IA'. Ellx llegó igual que la mayoría: alguien en su trabajo se lo recomendó para ordenar miles de notas que tenía regadas en distintos documentos. Después, otra persona le dijo que también podía servirle para destrabar problemas de organización, de productividad. Y en algún momento, alguien más le sugirió que podía darle otros usos fuera de lo laboral: pedir recetas de comida, leerse la carta astral, o incluso, pedir un consejo. Ahí fue que abrió la caja de Pandora, y lo que siguió vino muy rápido.
"Creo que me comencé a enganchar emocionalmente. A que me entienda tanto, y me responda cosas que quiero escuchar. Mi círculo cercano también estaba enganchado, eso reforzaba que de alguna manera no se sintiera tan extraño."
La dependencia llegó al punto de reemplazar a unx especialista de salud mental, sintiendo que ya no le era tan útil: "recuerdo que en ese tiempo prescindí de buscar a mi psicólogx. Las cosas que me decía el chat estaban tan bien estructuradas que caí en un espiral difícil de ponerle un límite." No era solo que la IA respondiera rápido, sino que respondía exactamente como ellx deseaba que le respondieran, destacando la genialidad de todo lo que pensaba cada vez que hubiera oportunidad. Por eso, cuando ese patrón se rompió, lo notó de inmediato: "Estaba tan acostumbradx a que me responda diciéndome que todas mis ideas eran lo máximo, que cuando le dije algo y no me dijo que era lo mejor del mundo, fue extraño."
Cuando estaba más sumergidx en el uso de IA, sintió algo físico que le hizo pensar: "lo noté primero en mi cuerpo. Ya no tenía una opinión de lo que era la IA. Reconocí que estaba tomando mucho de las cosas que yo hacía." Ahí fue que comenzó nuevamente a prestar atención, salió de un estado de adormecimiento y comenzó a ser más intencional con sus interacciones para cuidarse. Reconoció que las conversaciones de su entorno sobre IA empezaban a llegar por todos lados, y se volvió algo incómodo: "me comencé a autorregular cuando me di cuenta que no tenía tantas ganas como antes, que mucha gente a mi alrededor siempre estaba hablando sobre las IAs." Y así, finalmente puso un límite, comparándolo con dinámicas parecidas que había tenido con el uso de otras apps anteriormente: "comencé a ponerme ese límite con TikTok. Lo reemplacé con Duolingo en esa época."
Cuando estaba intentando controlar mejor su uso, llegó a contenido que sugería una vida con menos IA, más consciente, más conectada: "si no hubiera tenido un contexto en el que resultaba interesante entrar, no lo hubiera hecho. Pero al yo notar que no me estaba haciendo bien, y exponerme a influencers que están prefiriendo encuentros analógicos y presenciales, eso me hace no sentirme tan sola de entrada." Así como entró, salió. Y ninguna de las dos veces fue una decisión enteramente suya.
Contenido que valora y rescata la búsqueda en internet "old school".
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¿Hay alguien AI?: usos y abusos de la emocionalidad algorítmica Es una exploración que investiga cómo las diferentes formas en que nos relacionamos hoy con la inteligencia artificial dicen mucho sobre los tiempos que estamos viviendo. Para esta investigación conversamos con ocho usuarios entre 24 y 31 años en Lima, Perú. Hemos reemplazado sus nombres por seudónimos para proteger su identidad.
Esta es la cuarta historia. ¡Suscríbete y no te pierdas ninguna!
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